¿Alguna vez has salido de vacaciones o visitado un lugar histórico y has necesitado de un guía? Creo que todos deberíamos hacer uso de un guía, aunque debo reconocer que yo soy un poco testarudo e independiente. De hecho, prefiero explorar los lugares por mi propia cuenta. Humildemente, también debo reconocer que a veces me he perdido de disfrutar a profundidad la importancia o la belleza de un lugar simplemente porque no escuché de un guía turístico. No obstante, creo que aprendí la lección hace un par de años atrás cuando visité un país del medio oriente donde casi todo estaba escrito en un idioma que no conocía. Ahí, me vi forzado a escuchar a mi guía. Aprendí y disfruté ese viaje al máximo, pues ahora pude apreciar mucho más los lugares porque me dejé llevar por guía.
La biblia dice que los hijos de Dios tienen al mejor guía del universo. Se llama el Espíritu Santo. Sin él nos perderemos, nos confundiremos y nos privamos de disfrutar todo lo que Dios tiene para nosotros. La biblia dice en Romanos 8:6,14-15:
Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz… Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!
Hay dos formas de vivir la vida. Una, guiada por nuestros deseos pecaminosos y la otra cuando somos guiados por los deseos del Espíritu de Dios. Cuando nos dejamos guiar por nuestra carne vamos a alejarnos del camino de la vida. Acabaremos secándonos espiritualmente y distantes de Dios y de sus propósitos. Cuando caminamos guiados por el Espíritu Santo, la biblia promete que estaremos llenos de su vida y de su paz. Ahora, para disfrutar de esto debemos de ser intencionales y ocuparnos en las cosas del Espíritu. Debemos de prestarle atención a su voz.
A través de los años es descubierto algo, que al enemigo le gusta gritar sus maldiciones. Él siempre nos dirá fuertemente que no valemos o que no podemos. Si nos ocupamos en escucharle, terminaremos en un espíritu de esclavitud y mortandad. No obstante, el Espíritu Santo es muy sensible. Él no nos grita, él nos susurra. Así como el profeta Elías escuchó un silbido apacible, de igual manera, el Espíritu nos susurra, que somos hijos de Dios y que podemos decir Abba Padre. Esto producirá vida, paz, sabiduría e intimidad.
Oración:
“Señor, perdóname cuando me dejo llevar por mis emociones y no por tu Espíritu. Perdóname por ser impulsivo y no reflexivo. Por no dedicarte tiempo a escuchar tu voz que me guía a la vida y a la paz. Ayúdame, a estar quieto y escuchar tu dulce voz. Tu voz es un susurro que se escucha más claro mientras más me acerco a ti. Gracias, mi Abba Padre por tu Espíritu. En el nombre de Jesús, amen”.
